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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Sácate una cinta





Por Toti Orellana y Andrea M. Guerrero






Más allá de Trainspotting, Réquiem por un Sueño y Pánico y Locura en Las Vegas existe toda una gama de películas que son un buen acompañamiento para un buen estado de voladez. Son las que en EE.UU. llaman stoned movies. Pasan desde clásicos de la comedia a documentales de dudoso presupuesto como SuperHigh Me, parodia al documental Superzise Me!, que presentaba un experimento de alimentación a base de comida chatarra. SuperHigh Me es lo mismo, pero con un tipo fumando marihuana por treinta días. Los resultados son sorprendentes. Pero en cuanto a películas que ayudan a amenizar la tarde cuando estás bajo los efectos de algo, hay mucha variedad.

Si los gustos van por los balazos, la violencia y la acción, nada mejor que Apocalipsis Now. Dirigida por Francis Ford Coppola en 1979, y poseyendo una versión remasterizada y con escenas inéditas lanzada hace poco tiempo, narra la historia de un ex boina verde que se subleva en Vietnam, y el hombre que debe adentrarse en la selva para matarlo. Tiene escenas para el recuerdo. La más conocida es aquella en que el Capitán Willard (Martin Sheen) mira el ventilador del techo y súbitamente se suma al bombardeo con NAPALM sobrevolando la selva, todo bajo el sonido de The End de los Doors.

Para los que son padres o lo han sido recientemente, un buen consuelo a las hazañas de los pequeños demonios es ver La Piel Dura de Francois Truffaut, un film que mezclando comedia, experimentación y drama se centra en la vida del pequeño Julien y sus compañeros de colegio en la ciudad francesa de Thiers, todo en el verano de 1976. Siguiendo en el ámbito infantil, nunca es malo darle una nueva lectura con las pupilas dilatadas a clásicos como La Sirenita, Timón y Pumba dando vueltas por el mundo, o incluso la más clásica de las clásicas de Disney: Fantasía.

Snatch: cerdos y diamantes te va a tener entretenido, con ritmo rápido y efectos visuales graciosos. Hasta puede que Brad Pitt haciendo de gitano te salte una risa. Pero para estar bien, bien pegado a la pantalla son películas como El Club de la Pelea, Scarface o cualquiera de suspenso u horror que sea algo creíble. Dentro de las rarezas de nuestro continente está la cubana Alicia en el pueblo de las maravillas (1990), película no muy conocida pero que hace del sinsentido su razón de ser. Está grabada en calidad dudosa, pero las aventuras de la joven instructora de teatro Alicia en un pueblo de desquiciados bien valen la pena como compañía de un porro. También está la película de Fernando Birri Un señor muy viejo con unas alas enormes (1988), coproducción entre Italia, España y Cuba. Pese a que no tiene muy buena resolución, es una adaptación tan freak del cuento homónimo de Gabriel García Márquez que generalmente capta totalmente la atención del espectador, más aún si está estupefacientado.

Si saltamos de ficción a realidad hay un ítem inevitable como complemento para aquellos momentos amenos: los DVDs de bandas. Estreno reciente es Heima, registro en máxima calidad sonora y visual del último tour de la banda Sigur Rós por su país natal, Islandia.
Se pueden ver los hermosos paisajes islandeses, la calidez de su público y la buena experiencia que es siempre escuchar a SR. El británico Grant Gee también tiene buena oferta: dos films suyos que vale la pena ver cuando estás bajo alguna sustancia son Meeting people is easy, registro de la gira de Radiohead promocionando el disco OK Computer, y su último documental, titulado –al igual que la banda- Joy Division, que intenta revivir la corta e intensa vida de la mítica banda inglesa. En esa misma dirección va Control, de Anton Corbijn, película biográfica sobre la polémica vida del vocalista de Joy Division, Ian Curtis, que cuenta con banda sonora de New Order. Para los que gustan de verdaderas rarezas, está disponible en Internet el video de la primera banda psychobilly, The Cramps, tocando en vivo en el Napa State Hospital, un manicomnio estadounidense.

Más relajantes son los DVD’s de Lee ‘Scratch’ Perry, leyenda jamaiquina –siempre opacado por la fama de Marley en EEUU- del reggae, dancehall y rocksteady. Dentro de los más recomendables del Scratch están el DVD Lee Scratch Perry - Live In San Francisco With Mad Profesor y The Ultimate Alien, film editado en el año 2006 que recopila sus clásicos en los mejores conciertos. Siguiendo en la línea del reggae, la cantante jamaiquina Doreen Schaffer, que ya va por los sesenta años, tiene una de las canciones más relajantes: I’m still in love, que hace pocos años reeditara Sean Paul, lanzándolo a la fama. Schaffer puede ser escuchada en vivo con la voz intacta, como si fuera 1950 en Trenchtown, en las diversas grabaciones de sus conciertos con los legendarios Skatalites. Uno de sus últimos discos en vivo –y en conjunto- es The Skatalites In Orbit Vol.1 - Live Argentina (2005), concierto que fue uno de los más aplaudidos del año por la crítica trasandina. Otros temas para escuchar en amortiguación mental: Ce que je suis, de Holden, I wish it would rain de The Techniques, Chillin de Tego Calderón, Vicios y virtudes y La ciudad nunca duerme de Violadores del Verso, Deceptacon de Le Tigre, Hachís y Altero mi cuerpo de los españoles de EUKZ, Vicio de Reincidentes y, por último, El pibe tuerca de Los Pibes Chorros.

Drogas, más drogas & Rock and Roll




Por Andrea M. Guerrero




A las drogas les debemos mucho más que un buen puñado de mártires musicales. Sin duda sin la heroína, la cocaína, el LSD, la marihuana o el alcohol, no disfrutaríamos de las creaciones de buena parte de la música de calidad de los años sesenta en adelante.
Más allá de criticar muertes tan decadentes como las de Jim Morrison, ahogado borracho con su propio vómito; o Janis Joplin aplicándose su último chute de heroína pura para luego morir sin terminar su último disco, editado póstumamente; o a Elvis encontrado muerto por una sobredosis de anfetaminas y barbitúricos, por sólo nombrar algunas muertes desenfrenadas.

Pero más allá de lo reprochable que puede resultar el consumo de drogas (bajo la moral oficial), no podemos negar el gran aporte que le hicieron a la música.

Las enajenadas notas que Jimmy Hendrix logró sacarle a su guitarra difícilmente podría haberlas logrado sin estar en un estado superior, sin quitarle mérito a su talento, es sin duda bajo el efecto de las drogas que logra componer o pararse en un escenario e improvisar de manera tan magistral.

Janis Joplin tampoco habría logrado tal mística en sus canciones, The Pink Floyd no habría logrado esa estética y esos discos. Y los veteranos Rolling Stones, actualmente rehabilitados de el cóctel de drogas que se servían, y declarando que “las drogas no producen satisfacción”, no habrían engendrado temas como “She’s like a Rainbow”: tema sublime y volátil. O los temas de The Sex Pistols, no habrían alcanzado la majestuosidad punk que fueron, sin el "amor, caos y drogas" de por medio.

L
ucy in the Sky with Diamonds (LSD)


The Beatles en su etapa más high lograron sus mejores discos: Revolver en el 66 y Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band el siguiente año. Ambos discos fueron aclamados por la crítica de la época, y lo son hasta el día de hoy: en la revista Rolling Stones aparece como cabeza entre los “Mejores Discos” el año 2003.

Ambos trabajos, clasificados en la era más sicodélica de los Beatles, cuentan con obras hechas bajo los efectos de la droga, de manera directa o indirecta. Será el mismo Ringo Star quién confiese que Yellow Submarine no es más que una visión que él mismo tuvo durante un viaje de LSD, así como McCartney confesará que la canción Got To Get You Into My Life, por años pensada como una canción de amor, es una oda a la marihuana. O la mítica canción Lucy in the Sky with Diamonds, a la que se le adjudica la sigla LSD, o Doctor Robert de la cual los rumores dicen que sería dedicada al dentista de los Beatles, el primero que les proporcionó LSD.


Aunque de todas formas, la droga sea un mal innegable a la sociedad, desde el punto de vista físico o desde la misma mirada conservadora-moralista (e incluso en ciertos casos hacia la misma música, en casos de creaciones horrorosas y decadentes hechas para y por las drogas), y aunque la misma droga nos haya quitado músicos extraordinarios, no podemos dejar de agradecer su excelso efecto sobre estos músicos y sus mentes, por habernos dejado obras musicales de gran calidad, y en algunos casos incluso perdonado la vida de sus autores.

Por cierto, los festivales de Woodstock tampoco se conciben de forma lúcida. Le debemos a las drogas aquel legendario primer Woodstock y sus réplicas.