
Por Pepa Ortega
María Cristina Ortega Huerta es una mujer de 53 años, casada, tuvo dos hijos y actualmente ejerce su labor de abuela con Paz, su nieta de 5 años. Es una persona que siempre sonríe, jovial, activa, una buena madre y abuela, querida por sus vecinos y por sobre todo una mujer con muchas ganas de vivir.
Hace diez años su vida cambió de forma abrupta: una llamada de Carabineros, un 18 de febrero de 1998, derrumbó a toda su familia y en especial a ella. Su hijo menor (21 años), Claudio Guede Ortega, había fallecido en un accidente mientras conducía su moto. A pesar de todo el apoyo que recibió de su familia y psicólogos, jamás fue capaz de reponerse de la pérdida de Claudio. Tres años después, en un control médico rutinario le detectaron pequeñas masas en su pecho izquierdo y luego de eso los exámenes fueron claros, cáncer de mamas.
María Cristina dice que su cáncer fue producto de la pena que nunca fue capaz de superar y, por lo mismo, siente que su hijo Claudio la acompaña siempre, porque se siente culpable por la enfermedad de su madre.
Hace diez años su vida cambió de forma abrupta: una llamada de Carabineros, un 18 de febrero de 1998, derrumbó a toda su familia y en especial a ella. Su hijo menor (21 años), Claudio Guede Ortega, había fallecido en un accidente mientras conducía su moto. A pesar de todo el apoyo que recibió de su familia y psicólogos, jamás fue capaz de reponerse de la pérdida de Claudio. Tres años después, en un control médico rutinario le detectaron pequeñas masas en su pecho izquierdo y luego de eso los exámenes fueron claros, cáncer de mamas.
María Cristina dice que su cáncer fue producto de la pena que nunca fue capaz de superar y, por lo mismo, siente que su hijo Claudio la acompaña siempre, porque se siente culpable por la enfermedad de su madre.

AtentaMente - Cristina, ¿qué pensó en ese momento, cuando el médico le da el diagnóstico?
Cristina - Fue como en cámara lenta, todo se hizo confuso. Juan, mi marido estaba conmigo en ese momento, lo miré y vi que estaba llorando, no entendía por qué lloraba él si era yo la que estaba enferma, era yo la que debía luchar contra esto, era yo la que pensaba en mi hijo en ese momento, sentía que estaba más cerca de él. Fue un momento tan extraño, sentí que todo estaba dispuesto en mi contra.
A.M - ¿Cómo comenzó el tratamiento?
C - A la semana me sometieron a una serie de exámenes, para corroborar la posición de los tumores y comenzamos altiro con la quimioterapia. El tratamiento era espantoso, cada inyección de la quimio, significaban días en cama vomitando, con dolor de cabeza, horrible. Pasaron varios meses con este tratamiento y la verdad es que yo ya no daba más, eran tantos los malestares después de la inyección que un día le dije a mi oncóloga: “ya no doy más, acabemos con esto o háganme algo fuerte de una vez”, fue ahí cuando la doctora me habló sobre la marihuana y los beneficios que habían sentido otros pacientes. Yo me horroricé (risas).
A.M - ¿Qué pensó cuándo la doctora le comentó sobre la marihuana?
C - Mira, al principio fue como ¿qué le pasa a esta señora?, está más loca que yo (ríe) y me dijo que estaba hablando muy en serio, que es un tratamiento que no me iba a sanar del cáncer, si no que me iba a ayudar a sentirme mejor mientras recibía la quimio. Y lo primero que le dije fue “pero, ¿cómo voy a conseguir marihuana?, yo no me quiero meter en problemas, además era de común saber el daño de la marihuana, las campañas en su contra, yo de verdad no lo veía para nada bien y se lo dije a la doctora. A la siguiente consulta, la misma doctora me tenía un pito, me dijo que lo intentara, que de verdad me iba a sentir mejor y yo le dije, “bueno, lo voy a probar pero no aquí”. Así me vine a la casa, hablé con mi marido y la verdad a él no le pareció una buena idea, pero lo dejó a mi criterio. Pucha yo igual dije, ya que me hará, si ya no se puede estar más mal. Así que empecé a fumarme el famoso pito, pasó un rato y yo me sentía igual, nada raro, hasta que me dio sueño y me quedé dormida. Esa fue mi gran experiencia con la marihuana.
A.M - ¿Así nada más?
C - Sí, así de fome (ríe), pero luego después de cada quimio, me fumaba uno y de verdad que ayudaba mucho a no sentir esa fatiga y malestar de este maldito tratamiento.
A.M - ¿Lo recomendaría?
C - De todas maneras. Mira yo fumé hace unos años y no me hice adicta ni nada por el estilo, mejoró mi calidad de vida en ese momento, los malestares eran cada vez menores, de verdad me ayudó mucho y lo recomiendo a ojos cerrados.
Actualmente María Cristina, vive con un pecho menos y aquejada de un cáncer óseo que la mantiene postrada en su casa, pero esa vitalidad que no la abandona; es realmente, una inspiración para otras personas.
Cristina - Fue como en cámara lenta, todo se hizo confuso. Juan, mi marido estaba conmigo en ese momento, lo miré y vi que estaba llorando, no entendía por qué lloraba él si era yo la que estaba enferma, era yo la que debía luchar contra esto, era yo la que pensaba en mi hijo en ese momento, sentía que estaba más cerca de él. Fue un momento tan extraño, sentí que todo estaba dispuesto en mi contra.
A.M - ¿Cómo comenzó el tratamiento?
C - A la semana me sometieron a una serie de exámenes, para corroborar la posición de los tumores y comenzamos altiro con la quimioterapia. El tratamiento era espantoso, cada inyección de la quimio, significaban días en cama vomitando, con dolor de cabeza, horrible. Pasaron varios meses con este tratamiento y la verdad es que yo ya no daba más, eran tantos los malestares después de la inyección que un día le dije a mi oncóloga: “ya no doy más, acabemos con esto o háganme algo fuerte de una vez”, fue ahí cuando la doctora me habló sobre la marihuana y los beneficios que habían sentido otros pacientes. Yo me horroricé (risas).
A.M - ¿Qué pensó cuándo la doctora le comentó sobre la marihuana?
C - Mira, al principio fue como ¿qué le pasa a esta señora?, está más loca que yo (ríe) y me dijo que estaba hablando muy en serio, que es un tratamiento que no me iba a sanar del cáncer, si no que me iba a ayudar a sentirme mejor mientras recibía la quimio. Y lo primero que le dije fue “pero, ¿cómo voy a conseguir marihuana?, yo no me quiero meter en problemas, además era de común saber el daño de la marihuana, las campañas en su contra, yo de verdad no lo veía para nada bien y se lo dije a la doctora. A la siguiente consulta, la misma doctora me tenía un pito, me dijo que lo intentara, que de verdad me iba a sentir mejor y yo le dije, “bueno, lo voy a probar pero no aquí”. Así me vine a la casa, hablé con mi marido y la verdad a él no le pareció una buena idea, pero lo dejó a mi criterio. Pucha yo igual dije, ya que me hará, si ya no se puede estar más mal. Así que empecé a fumarme el famoso pito, pasó un rato y yo me sentía igual, nada raro, hasta que me dio sueño y me quedé dormida. Esa fue mi gran experiencia con la marihuana.
A.M - ¿Así nada más?
C - Sí, así de fome (ríe), pero luego después de cada quimio, me fumaba uno y de verdad que ayudaba mucho a no sentir esa fatiga y malestar de este maldito tratamiento.
A.M - ¿Lo recomendaría?
C - De todas maneras. Mira yo fumé hace unos años y no me hice adicta ni nada por el estilo, mejoró mi calidad de vida en ese momento, los malestares eran cada vez menores, de verdad me ayudó mucho y lo recomiendo a ojos cerrados.
Actualmente María Cristina, vive con un pecho menos y aquejada de un cáncer óseo que la mantiene postrada en su casa, pero esa vitalidad que no la abandona; es realmente, una inspiración para otras personas.
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