
Por Andrea M. Guerrero
A las drogas les debemos mucho más que un buen puñado de mártires musicales. Sin duda sin la heroína, la cocaína, el LSD, la marihuana o el alcohol, no disfrutaríamos de las creaciones de buena parte de la música de calidad de los años sesenta en adelante. Más allá de criticar muertes tan decadentes como las de Jim Morrison, ahogado borracho con su propio vómito; o Janis Joplin aplicándose su último chute de heroína pura para luego morir sin terminar su último disco, editado póstumamente; o a Elvis encontrado muerto por una sobredosis de anfetaminas y barbitúricos, por sólo nombrar algunas muertes desenfrenadas.
Pero más allá de lo reprochable que puede resultar el consumo de drogas (bajo la moral oficial), no podemos negar el gran aporte que le hicieron a la música.
Las enajenadas notas que Jimmy Hendrix logró sacarle a su guitarra difícilmente podría haberlas logrado sin estar en un estado superior, sin quitarle mérito a su talento, es sin duda bajo el efecto de las drogas que logra componer o pararse en un escenario e improvisar de manera tan magistral.
Janis Joplin tampoco habría logrado tal mística en sus canciones, The Pink Floyd no habría logrado esa estética y esos discos. Y los veteranos Rolling Stones, actualmente rehabilitados de el cóctel de drogas que se servían, y declarando que “las drogas no producen satisfacción”, no habrían engendrado temas como “She’s like a Rainbow”: tema sublime y volátil. O los temas de The Sex Pistols, no habrían alcanzado la majestuosidad punk que fueron, sin el "amor, caos y drogas" de por medio.
Lucy in the Sky with Diamonds (LSD)
The Beatles en su etapa más high lograron sus mejores discos: Revolver en el 66 y Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band el siguiente año. Ambos discos fueron aclamados por la crítica de la época, y lo son hasta el día de hoy: en la revista Rolling Stones aparece como cabeza entre los “Mejores Discos” el año 2003.
Aunque de todas formas, la droga sea un mal innegable a la sociedad, desde el punto de vista físico o desde la misma mirada conservadora-moralista (e incluso en ciertos casos hacia la misma música, en casos de creaciones horrorosas y decadentes hechas para y por las drogas), y aunque la misma droga nos haya quitado músicos extraordinarios, no podemos dejar de agradecer su excelso efecto sobre estos músicos y sus mentes, por habernos dejado obras musicales de gran calidad, y en algunos casos incluso perdonado la vida de sus autores.
Por cierto, los festivales de Woodstock tampoco se conciben de forma lúcida. Le debemos a las drogas aquel legendario primer Woodstock y sus réplicas.
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