
Por Pepa Ortega
Amy Winehouse lo dice en su canción Rehab, en la televisión lo muestran como la única esperanza para seguir adelante y las diferentes iglesias (católica, evangélica, del séptimo día, mormones, testigos de jehová y todas las que faltan por crearse) lo muestran como tu única forma de tener una vida.
La rehabilitación es una palabra muy usada en nuestra sociedad, en especial cuando se trata de drogas, pero de efectividad sólo unos pocos pueden hablar.
Cómo nos estamos acostumbrando a los Farkas y Nazares, como buena población materialista, todo lo vemos en dinero y la medicina no se ha quedado fuera. Las clínicas especializadas en rehabilitación se han reproducido acelerada y constantemente, en contraste al precario sistema público de salud.
Claro que acceder a estas clínicas, es sólo para los que cuenten con una abultada cuenta corriente. He aquí la pregunta crucial, ¿qué pasa con más del 80% de la población que no tiene el dinero suficiente para pagar esto? La respuesta es simple, siguen donde mismo o se rehabilitan solos.
Son pocos, y unos de esos pocos me contó su historia. Su nombre es Boris y su apellido lo omito, a petición de él, tiene 47 años y una linda familia conformada por su esposa y 2 hijas. Vive en Santiago y es alguien tan normal como tú o como yo, no tiene una capa de superhéroe, ni es una persona importante por haber dejado las drogas sin ninguna ayuda médica.
Conversamos largo y tendido sobre la vida, la teletón y el clima, hasta llegar a su autorehabilitación. En ese momento me dijo: “entonces, a lo que vinimos jajaja. Mira yo soy la prueba viviente de que uno puede dejar esto sólo, no necesité de la ayuda de psicólogos ni especialistas en nada. Yo consumía cocaína y llegué a un punto donde mi esposa me tenía entre la espada y la pared, las cuentas y la angustia eran cada día más y la plata y la paciencia de mi mujer cada vez menos. Fue ahí cuando me dije, esta hueá no me la va a ganar. Y esa es mi simple historia, eso fue todo, dije nunca más y así fue. Sin duda fue difícil y doloroso física y sicológicamente, pero siempre va más en la mente que en el cuerpo. Si de alguna forma se parece a controlar el impulso de comprar; uno siempre puede decir NO MÁS. Pensando en mi señora, en mi hijos y sobretodo en mi, lo logré."
Muchos pensaran que es uno de los miles que están en las mismas, pero si el la pudo hacer, ¿por qué no voy a poder yo? Esto demuestra una vez más que la decisión de dejar las drogas está en tus manos y no en la de campañas publicitarias absurdas del gobierno, ni en las lindas clínicas para billeteras abultadas.
La rehabilitación es una palabra muy usada en nuestra sociedad, en especial cuando se trata de drogas, pero de efectividad sólo unos pocos pueden hablar.
Cómo nos estamos acostumbrando a los Farkas y Nazares, como buena población materialista, todo lo vemos en dinero y la medicina no se ha quedado fuera. Las clínicas especializadas en rehabilitación se han reproducido acelerada y constantemente, en contraste al precario sistema público de salud.
Claro que acceder a estas clínicas, es sólo para los que cuenten con una abultada cuenta corriente. He aquí la pregunta crucial, ¿qué pasa con más del 80% de la población que no tiene el dinero suficiente para pagar esto? La respuesta es simple, siguen donde mismo o se rehabilitan solos.
Son pocos, y unos de esos pocos me contó su historia. Su nombre es Boris y su apellido lo omito, a petición de él, tiene 47 años y una linda familia conformada por su esposa y 2 hijas. Vive en Santiago y es alguien tan normal como tú o como yo, no tiene una capa de superhéroe, ni es una persona importante por haber dejado las drogas sin ninguna ayuda médica.

Conversamos largo y tendido sobre la vida, la teletón y el clima, hasta llegar a su autorehabilitación. En ese momento me dijo: “entonces, a lo que vinimos jajaja. Mira yo soy la prueba viviente de que uno puede dejar esto sólo, no necesité de la ayuda de psicólogos ni especialistas en nada. Yo consumía cocaína y llegué a un punto donde mi esposa me tenía entre la espada y la pared, las cuentas y la angustia eran cada día más y la plata y la paciencia de mi mujer cada vez menos. Fue ahí cuando me dije, esta hueá no me la va a ganar. Y esa es mi simple historia, eso fue todo, dije nunca más y así fue. Sin duda fue difícil y doloroso física y sicológicamente, pero siempre va más en la mente que en el cuerpo. Si de alguna forma se parece a controlar el impulso de comprar; uno siempre puede decir NO MÁS. Pensando en mi señora, en mi hijos y sobretodo en mi, lo logré."
Muchos pensaran que es uno de los miles que están en las mismas, pero si el la pudo hacer, ¿por qué no voy a poder yo? Esto demuestra una vez más que la decisión de dejar las drogas está en tus manos y no en la de campañas publicitarias absurdas del gobierno, ni en las lindas clínicas para billeteras abultadas.
They tried to make me go to rehab but I said 'no, no, no'
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